Una rica me dijo que los pobres no tienen sentimiento. Era una lírica, un yo profundo, una garza. Hay gente pobre, en cambio, apegada al ritmo del corazón de sus hijos, a su llanto, a sus palabras bajas que no alcanzan la estatura del Sentido o recortadas, en sus brotes. Un plátano, para ellos, es un plátano, un beso, un beso, sobre todo el de la madre, la mano del padre en la cabeza es un momento de ascensión, ascender a la mano del padre. Hay algo inminente cuando comen: comen, amiga lírica, como si fueran a perder lo que está puesto ahí adelante, comen con nostalgia, el plato se coloca en el futuro, allí donde decían los apaches: «Algún día comeremos una buena comida». Esto es muy general, a grandes rasgos, esquemático, pero como el amor no conoce espera, quema.