Vengo a besarte...

Vengo a besarte…

Vengo a besarte por el detalle del roquefort en el sandwich. No se te había ocurrido mezclarlo con el jamón y el pan integral. No importa que hayas interrumpido aquella escritura incierta. En realidad no iba a ninguna parte. Y sobre todo (la noche caía con su linaje quebrado sobre nosotros y sobre nuestros hijos) era un pálido remedo de unas fresas memorables. En cambio, este roquefort derretido aún está vivo.