1 Tu desnudez expuesta entera como el pan en la mesa.
2 Beso a beso, caricia a caricia, se dora al sol del deseo.
3 Llama que moja y quema, llama que llama: tu lengua.
4 Arqueros enardecidos disparan sus flechas los cinco sentidos.
5 Entre tus piernas el blanco: carbón de sangre corazón de la hoguera.
6 Doble latido y un solo ritmo. Como la vida y la muerte al principio.
7 Caracol del oído: el oleaje de los suspiros y la marea de los ayes y los Dios mío.
8 La mirada se pierde. Salivan las sílabas. Las pupilas ascienden hacia alta caída.
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10 Memoria del vértigo: hacia adentro el quejido y tus ojos abiertos enceguecidos. 11 Zumbido de abeja: el silencio de vuelta sin haberse ido.
12 Te descubro a mi lado todavía temblando como recién rescatada de un naufragio. O de un incendio.
13 y tienen de nuevo sed de nombrar los labios: la almohada, tu cabellera, una pared de ladrillos, un trozo de cielo: tribus con rumbo desconocido.
14 Cruzan el aire -ya quieto- tu nombre y el mío. A recordarnos han vuelto, a recrearnos los mismos.
15 Sobre el tiempo intacto nuestros cuerpos tendidos, expuestos al vacío, melancólicamente plenos.
De “Líneas de Otoño”