Un abrazo y palabras entrecortadas habrán dicho el adiós increíble. Y entre tu cuerpo y el mío manará sin cesar la distancia.
Como se apela a una hierba mágica para sanar del mal de ausencia, escribiré entonces estas líneas.
Y si el tiempo que une y que separa, lo entrega un día a tu mirada, léelo, mas no vuelvas la cara.
Hermosa y feliz en tu presente, no cometas el error de Eurídice; que yo, al recordar tu dulce voz, cuidaré que me aten como Ulises. De “Líneas de Otoño”