Pasan los días El vidrio de la luz se desvanece No hay espejo capaz de verle el polvo No hay ojo que lo pesque entrando en la otra orilla filtrándose en la sombra
Pasan los días Se entume el dedo el lápiz el verbo la memoria Piedra redonda dura el pensamiento Esfera de vacío la palabra
Pasan los días
¿Qué hice ayer? ¿Dónde estuve?
Y este olor Esta mano Este grito atorado en la garganta como una nuez amarga. “Ciudad bajo el relámpago” 1983