Tú me conoces ya como la palma de la mano...

Tú me conoces ya como la palma de la mano…

Tú me conoces ya como la palma de tu mano Soy esta acumulación lenta de imágenes este puño de tierra húmeda en que palpita un breve corazón de oro limpio

Tú me conoces Soy un poco de sombra herida por un alambre tenso

Soy mis sentidos como un pozo en que la luz desciende La luz es un panal que gotea sol un sol que gotea luz un árbol derramando su follaje cuajado de sentidos como un ave sus plumas Digo “tú me conoces” y algo más grande que mi cuerpo me envuelve en una manta tibia

Digo “tú me conoces” y una pluma brillante de pavo real desliza su silencio sobre mi piel desnuda.

En mi sangre navega un río de palomas En mi sangre navega un río de palabras En mi sangre navega tu voz densa como un aguacero que ilumina el relámpago

Tú me conoces A veces soy un bronco tropel de potros negros Soy un cuchillo de diamante atravesando el seno de la ternura Soy un lamento lamido por el mal Soy el sol de la dicha derramado en tu piel Soy un largo torrente de terrores Soy un alado escalofrío en la columna vertebral del diablo Soy la guanábana goteando en la boca reseca de la Sed Soy la lanza en el hombro de este verso

(Me sabe a verso el beso de la mujer que amo Me sabe a verso el vaso en que me bebo Me sabe a verso el vicio de mi vaso Me sabe a vicio el vaso en que buceo)

Vuela en el espejismo de la tarde soleada una ligera sal un leve olor marino: un aliento marino me atrofia la garganta. Sale un alarido alargándose hasta el hastío Por mis manos escapa el estilete del verso Por mis manos escupe la poesía su espumarajo negro

Un aliento marino me levanta Aletea en mi olfato Tensa mi piel Pone alas en la ola

En las islas flotantes de los lirios hace su nido el sol de la blancura Tú me conoces: sólo el lirio es capaz de ahogar el agua Tú me conoces Soy la feliz fatiga de mi fruto Amo y amo y amo y el alma se adelgaza hasta la flama Amo y amo hasta que el alma lame lumbre y amo hasta el alma del hambre hasta que el alma alumbre hasta que el alma herrumbre los alambres del hombre.

“Cuadernos contra el ángel” 1987