Órdenes de amor

Órdenes de amor

¡Ten piedad de nuestro amor y cuídalo, oh vida! Carlos Pellicer

1 Amor mío, embellécete. Perfecto, bajo el cielo, lámpara de mil sueños, ilumíname. Amor. Orquídea de mil nubes, desnúdate, vuelve a tu origen, agua de mis vigilias, lluvia mía, amor mío. Hermoso seas por siempre en el eterno sueño de nuestro cielo, amor.

2 Amor mío, ampárame. Una piedad sin sombra de piedad es la vida. Sombra de mi deseo, rosa de fuego. Voy a tu lado, amor, como un desconocido. Y tú me das la dicha y tú me das el pan, la claridad del alba y el frutal alimento, dulce amor.

3 Amor mío, obedéceme: ven despacio, así, lento, sereno y persuasivo: Sé dueño de mi alma, cuando en todo momento mi alma vive en tu piel. Vive despacio, amor, y déjame beber, muerto de ansia, dolorido y ardiente, el dulce vino, el vino de tu joven imperio, dueño mío.

4 Amor mío, justifícame, lléname de razón y de dolor. Río de nardos, lléname con tus aguas: ardor de ola, mátame… Amor mío. Ahora sí, bendíceme con tus dedos ligeros, con tus labios de ala, con tus ojos de aire, con tu cuerpo invisible, oh tú, dulce recinto de cristal y de espuma, verso mío tembloroso, amor definitivo.

5 Amor mío, encuéntrame. Aislado estoy, sediento de tu virgen presencia, de tus dientes de hielo. Hállame, dócil fiera, bajo la breve sombra de tu pecho, y mírame morir, contémplame desnudo acechando tu danza, el vuelo de tu pie, y vuélveme a decir las sílabas antiguas del alba: Amor, amor-ternura, amor-infierno, desesperado amor.

6 Amor, despiértame a la hora bendita, alucinada, en que un hombre solloza víctima de sí mismo y ábreme las puertas de la vida. Yo entraré silencioso hasta tu corazón, manzana de oro en busca de la paz para mi duelo. Entonces amor mío, joven mía, en ráfagas la dicha placentera será nuestro universo. Despiértame y espérame, amoroso amor mío.