La diosa

La diosa

Cuando filmo en mi frente tu figura y reúno las tardes y tu cara en un fanal bellísimo, ya en sueños, como en un cine mágico con niños, todo forma un mural maravilloso: la belleza me da, de parte tuya, todos sus golpes en el corazón, y entonces me parece propiamente que amarte es convivir con una diosa.

Cuando digo tu rostro sin un ruido en un mundo de amor. mundo del mundo, veo, Marisa, aquel racimo virgen -tus dos uvas solares- al apego de su viña, latiendo palpitante en mis manos que anidan la cosecha.

Siento tus labios que fermentan cerca de los míos, tanteando entre las sombras de aquel tiempo invencible, escucho luego el dolorido corte, el ruido que hace el cuerpo de una diosa que se entrega.

Ahora vivo contigo de memoria; proyecto tu recuerdo, cine dulce, que morirá conmigo, si es que mueren las imágenes puras en su reino.

“Marisa sabia y otros poemas” 1963