La Mancha: surco en cruz, ámbito, ejido, parador del verano, en cuya anchura un ave humana vuela a media altura, ya tantos años viento azul perdido.
Hacia el otoño, surco en el olvido, uva yacente, el campo en su largura recuenta soles, siglos, y madura el paisaje en el tiempo repartido.
Recuerda sus molinos, al rasero mural del horizonte todavía, espejismos de lanza en astillero.
La Mancha frente al sol: una sandía de corazón quemante y duradero frente a un circo de cal y lejanía.