¿Cómo podrás estar, querida Sabia, sufriendo con tus ojos todo el día tanto torvo mural, volada reja, -comiendo como un pájaro en la nieve- sonriendo y haciendo que no has visto tanta pared gritando: «prohibida la vida», sí, la gran envenenada?
¿Cómo sucede así, querida mía, sin que quiebren las cosas más hermosas, sin que el mar caiga al punto en la ruina, el pan no sea ya el pan, la luz se seque, y yo no muera o de repente tome un camino y no sepas de mí nunca ?
Marisa Sabia y otros poemas, 1963.