No solo el hoy fragante de tus ojos amo sino a la niña oculta que allá dentro mira la vastedad del mundo con redondo azoro, y amo a la extraña gris que me recuerda en un rincón del tiempo que el invierno ampara. La multitud de ti, la fuga de tus horas, amo tus mil imágenes en vuelo como un bando de pájaros salvajes. No solo tu domingo breve de delicias sino también un viernes trágico, quien sabe, y un sábado de triunfos y de glorias que no veré yo nunca, pero alabo. Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo.