No me acuses, te ruego...

No me acuses, te ruego…

No me acuses, te ruego, por la excesiva calma o tristeza del rostro, cuando estoy a tu vera, que hacia opuestos lugares miramos, y dorarnos no puede un mismo sol la frente y el cabello.

Sin angustia ni duda me miras siempre, como a una abeja encerrada en urna de cristales, pues en templo de amor me tiene el sufrimiento y tender yo mis alas y volar por el aire

sería un imposible fracaso, si probarlo quisiera. Pero cuando yo te miro, ya veo el fin de todo amor junto al amor de ahora,

más allá del recuerdo escucho ya el olvido; como quien, en lo alto reposando, contempla más allá de los ríos, tenderse el mar amargo.

Versión de Màrie Manent