El mar estaba lejos

El mar estaba lejos

El mar estaba lejos. Pero en el aire húmedo de la mañana se percibía un vago olor salado y rumoroso.

Fue entonces cuando el hombre despertó. Guardó en su pecho las hermosas imágenes del sueño y emprendió su camino.

Atrás fueron quedando las ciudades, los pueblos, las aldeas que el afán de los hombres levantara. Atravesó también bosques umbrosos, tierras resecas, valles pensativos.

Pasaron muchas horas. Y ya el sol último arrojaba los restos de su incendio a las cimas de los montes más altos.

Y el caminante se adentró en la noche como un dios en su soledad.

Ahora la luna brilla en el centro del cielo y su plena mirada contempla con amor la juventud del hombre y su quimera.

El mar estaba aún lejos. Pero ya podía oírse su canción misteriosa.

La madrugada refrescaba las sienes fatigadas del hombre, que siguió caminando y advirtió una presencia humana en la lejana orilla.

Una hermosa muchacha lo veía acercarse: eran grandes sus ojos; su cabello, oscuro como el viento nocturno: su cuerpo, silvestre y frágil.

Intensamente se miraron, y el silencio les hizo comprenderse. Abandonaron sus ropas en la arena y juntos penetraron en las oscuras aguas. 12 de junio de 1976