Mar

Mar

Me entrego sin tristeza a ese rumor amargo en el que el miedo agita con ira sus metales, y, habitante de un mundo de muerte y transparencia, obligo a mi mirada a vagar por un cuerpo. Con urgencia golpeo sobre las decisiones de un mar que no conozco, de un dolor que introduce su noticia de sal en la herida reciente. He abandonado el barro, la arcilla conocida, para vivir al borde de un peligro que amo, para buscar las manos que sostengan mi rostro sobre el silencio neutro de las profundidades. Parpadea un color, un informe lejano, una constelación de sabores marchitos, y una materia oscura, casi vencida, escucha el vasto movimiento de un corazón insomne.

Se aproxima la noche. Desaparece el rastro que trazaron mis labios sobre la dulce piel de un tiempo que latía. Una piedra señala el origen concreto de un orden sacudido. y una mínima lumbre, una gota encendida, encuentra al fin su lecho, su destino en la espuma.

La espera es una angustia que fluye lentamente. Mis ojos amanecen enfrente de un deseo. Ahora puedo gritar: un círculo de vidrio observa los caminos que el sol abre en el agua. 14 de abril de 1974