Tierra de la soledad

Tierra de la soledad

Con el tiempo los cuerpos se acostumbran a caminar completamente solos sobre la tierra de la soledad. Las vagas sensaciones, los recuerdos de los lugares en los que encontramos a alguien con quien hablar, a alguien que escuche nuestras palabras mientras cae la tarde, se van borrando lentamente, como huellas que el viento apaga y desordena. Y el eco tibio del antiguo encuentro no persiste en la voz, en el lenguaje con que aprendimos a nombrar las cosas. Sólo queda la noche. Y nos perdemos en el largo silencio de las calles vacías. Y al llegar la madrugada sentimos frío y respiramos muerte. 16 de octubre de 1975