Aparece tu rostro. Se hunde en leche, como el Cordero bienhallado en los Misterios.
El fuego se acerca sin tocarnos. El azul es más intenso que la ebriedad creciendo hacia las islas.
Tembloroso, como detrás de humo, aparece tu rostro.
El caracol mezcla el mar al propio estupor en el oído, oleaje donde navegan islas de la conciencia, destellos- Ultramar.
Movimientos del muslo y la cadera esbozan al tiento una danza.
El mar se extiende en olas que no rompen.
Movimiento- la última vocal reverbera en el oído. El mar se extiende más allá del tiempo inamovible. Temblor, eco del movimiento– calla y nos habla en su lengua otra, parecida a ese incendio de adentro, juega y se difunde hasta aquietarse en un rayo vertical. Omnipresente, lenguaje del tacto sin manos.
De “Ultramar” Fondo de Cultura de México 2002