Lamida por un filo en tus ojos no turbados, la luz se escalda sobre la piedra húmeda.
En sus mínimas cavernas se detiene entre musgos e insectos tu pupila solar.
Rupturas en la piedra, grietas, algo que mira desde el fondo.
Tu mirada refracta el deslave abisal, y eras de pensamiento se derrumban. De “El vino de las cosas” Ediciones Era 2004