Viene tu brisa cubriendo el clima entero, tus labios de fruta encienden la boca del invierno. Se abren floraciones en la piel, pistilos erizados-
Vuelta inesperada a tus manos que rozan ya el vestido, que se acercan al seno.
Trastornas lo que tocas, vas vistiéndolo todo de verdura, vas dejando en manchas coloridas flores tantas que apenas se adivinan.
Y quién podría -aun sabiendo tu poder de muerte-, quién podría fulminar al deseo escondido en cada hoja, en cada colibrí?
Entra la estación florida - con tu cumbia y tus cantos, - tus tarareos ebrios como el que espera a quien ha de matarle y acecha en cada esquina de lo oscuro con tus ojos de tigre, el salto alerta como quien teme en cada doblez la noche agazapada con tus corrientes lúbricas, tus colores eléctricos, como quien busca algún auspicio picadura de abeja, zumbido azul en la entraña de un pájaro, un colmillo que muerde, ¿por dónde llegará? un veneno que cesa sólo cuando ha invadido todo.
De “El vino de las cosas” Ediciones Era 2004