¡Ay, paloma, mi pecho!

¡Ay, paloma, mi pecho!

No enseñes el dolor que te hace leve. No pronuncies el nombre que te delataría. Sobrevuela el espacio que ocupo por tu boca, lánzate valerosa sobre mis ojos tristes y devora la lágrima que convive conmigo. Que el rey y señor mío no sepa que en mis brazos han florecido albahacas. Él es cruel y no entiende que nuestro amor es alto.

No vayas por el aire, que él es halcón furtivo y ha afilado sus garras para hincarlas a muerte sobre tu piel reseca. Que piensa devorarte y arrastrar tus cabellos por las tierras de Ammán. Ha propuesto a la corte que se dicten las leyes necesarias y urgentes para dejarme sola al llegar el invierno y tu voz y tu cuerpo se hagan inalcanzables. Construye empalizadas, levanta torreones, abre vados y zanjas para que todo el reino quede aislado del mundo y no puedas hacerte de mi nido tu lecho. 1995