Tú eres Aquiles, el hermoso perdedor, el de la espada de hierro, el de la radiante cabeza coronada, el mejor. La verdad que sí, ¡Oh dioses inmortales! que eres realmente bello. Y no me extraña en absoluto que Helena perdiera el aliento
y su peplo de seda, al verse frente a ti arrojadas al mar sus sandalias de cuero.
Yo soy Tersites, el guerrero aplastado por tu brazo y el peso brutal de tus caballos. Yo soy el que te ama en medio del fragor de las batallas, mordido y ensangrentado por tus perros. 1990