El que se arroja al agua con su cuerpo magnífico...

El que se arroja al agua con su cuerpo magnífico…

y luego deja gotear el mar por sus caderas y las mías como una prueba incontestable de perfección y afecto. Aquel que me sonríe desde la hilera mágica de su terrible boca, inocente guerrero, putrefacto montón de espléndida hermosura, el único que sabe cómo he perdido la batalla y por eso me observa, todavía, con una cierta sombra de dulzura. El que arrastra mi cuerpo por el campo de batalla despedazado el tronco y la plateada cabellera, y aún tiene conmigo la deliciosa costumbre de besarme los pies, ese es el que amo. 1992