En tu propia mano me diste de comer...

En tu propia mano me diste de comer…

-como a los pájaros- pan y queso con aroma de hinojo, anís, matalahúva. Acercaste el cáliz a mi boca y yo lo recibí como si un hambre inmortal me delatara. Estrené falda nueva, zapatos de tacón, trenzas de oro. Y luego fui al olvido.

(Pero siempre lo supe:

que nada amaba tanto y no habría camino más largo que el de quererte a solas.) 1992