Con tus ojos mi vientre y tu ternura se engarzaban felices en el arco lunar de tu alegría. Y en ese resplandor de los atardeceres me ofrecías el milagro de renacer por ellos. Dorada la sonrisa y el amor que me dabas, podía descubrirte, regresarte, hacerte mío, a través de una mesa de fibra aguamarina. 1993