No llores, amor mío...

No llores, amor mío…

no se nublen tus ojos, que voy a andar ligera a tus pies enredada y no podrás seguirme cuando llegue a tu pecho. Aguárdame en la sombra al final de los árboles. Extenderé las alas y volaré hacia ti. Penetraré lo oscuro, reclamaré del bosque la humedad de tu tronco y ya no habrá enemigos pendientes de tu espalda. Tienes que estar atento, que cuando emprenda el vuelo tendremos el instante, el fulgor de las alas, y luego vendrá el vértigo del amor más brutal. Vendrá un crujir de plumas, la sangre, como almíbar, y el grito, ya inhumano, de la muerte más dulce que hayas imaginado. 1995