No pronuncio tu nombre por miedo a ver la herida...

No pronuncio tu nombre por miedo a ver la herida…

y el golpe de la sangre. No digo las palabras que debiera decirte. Te miro. Te contemplo. Te observo. Ojeo las esquelas y el tiempo de las nubes. Luego digo algo inútil, mágico, irreparable. Digo cosas curiosas como decir: qué tal, hace calor, te quiero, anoche he deseado tu cuerpo nuevamente. Pero nada se oye dentro de las paredes.

Tú me miras inquieto, decidido, cobarde. (Mi corazón empieza a deslizarse por la suave pendiente de tu pelo.) * * *