Recuerdo los baúles y las colchas de hilo, las flores de lavanda volando por espacios abiertos y felices, aquella despiadada multitud de grillos debajo de las lápidas, y tus besos, pan y aceite, detrás de los postigos.
Recuerdo aquellos días cuando tú me besabas tras las torres caídas del castillo y las olas. Y recuerdo las noches naufragando tu cuerpo en aquella penumbra universal del hambre.
Yo entonces era otra. Pero no he renunciado ni al amor ni a la herida. * * *