Que tu barca de acero encallaría en el fondo entre las plataneras. Que subirías la cuesta hilada de mocanes por aquel caminito en forma de culebra. Que primero llegaría tu cabeza, luego el cuello, los hombros, tu espalda contra el risco y los dragos del lomo, el beso adormecido. Te quiero, me dirías. * * *