Te quiero por ser cuerda y tener cinco dedos...

Te quiero por ser cuerda y tener cinco dedos…

y una guitarra abierta a la voz imposible. Por guardarme secretos. Por compartir conmigo aquellos veinte años de lluvia y paraísos cuando escuchar a Brouwer era un acto de voluntad heroica. Ya entonces me invadía esta misma certeza de acompañarte siempre en la esquina del frío esperando la hora de que abrieran las puertas y ascender a lo alto donde nos alimentaran por igual los acordes. Te quiero, sobre todo te quiero, porque me has enseñado a pronunciar el nombre de Ludwig Van Beethoven, a corregir acentos y a escribir sin dudarlo el nombre interminable de Johann Kaspart Mertz.