A Rocío Cano
Te quiero porque aprendo contigo a ser distinta. A sonreír de pronto cuando me miras detrás de los paisajes que inventas para mí cada mañana. Porque recortas telas, cartones, ventanales, tejados y azoteas. Porque pintas cobaltos y rojos bermellones o simplemente hieres de azules y azafranes las puertas de mi casa. Porque eres suave y hueles como las caracolas y, en ciertas ocasiones, me robas los perfumes que ya nunca me pongo.