Sí, hoy me he puesto a encender el viejo fuego.
El azar y los años me han llevado a pisar en el sendero que me ha impuesto el amor, que mi adorada impuso a mi corazón; ahora vuelvo al fervor inicial, a esa primera mañana en que el sol se ha instalado en nuestro pecho.
Y así las cosas: la canción, la plenitud, el deseo me han alumbrado el rostro, se me han ceñido como un pañuelo verde sobre el cuello, y entro en la casa del fervor como antaño, asombrándome al ver reverdecer los sueños.
Es como si hubiesen atizado a mi sangre el verano, la intemperie, los vientos cordilleranos, o inundado sus cauces un enérgico brío de panales repletos, los brazos encendidos al apretar sus brazos, las dos manos cargadas de un esplendor secreto.
Sí, porque mi corazón no descansa en la noche, hoy me he puesto a encender el viejo fuego.
De “El viejo fuego” 1977