Germina un beso puro en nuestro pecho, un beso que es un poco pan de tierra, un poco arena y vuelo.
El beso es una ráfaga, un sereno fulgor que se arremansa en la morada, un masculino aliento.
La única perla que en mi alforja llevo, la única luz que arrebaté a mi sombra, su único alumbramiento.
Es una oscura exhalación, deseo, un aire tibio que la sangre orea, un luminoso fuego.
Es un activo manantial, un suelto clavel sonoro entre los labios, agua de cántaro opulento.
Es una alondra enloquecida, en celo, delirante y nupcial entre las nubes, levísimo gorjeo.
Mujer: hoy dejo este profundo beso, que ensancha la creación, entre tus faldas, temblor del firmamento.
Por él su peso alivian mis maderos, por él subo a los árboles, te busco, por él te pertenezco.
Por él la ruta es breve, por él peso el péndulo de sol que te corona, pulso un afán de sueño.
Por él nacerá el hijo, por él veo que habrán de prolongarse mis raíces, mis primarios silencios.
Por él mi propia rectitud defiendo, por él mi descendencia irá sembrando sus verdes alimentos.
Por él bajo a la tierra y la poseo, por él barajo el alma, un poco arena, un poco arena y vuelo!
De “De cara al corazón” 1961