Había entrado.
La que más sabe, la que puso el oído y escuchó atentamente la negación, el pacto, lo dicho y desdecido; la que vio el cambio de color de tus labios, precipitarse lo inesperado, la puesta en pie, la aventura y el alba, el beso, la alegría.
La noche había entrado.
La que más sabe.
De “Un relámpago herido” 1967”