Hoy bajas por la carretera y yo te escucho cómo cantas; vuelan pájaros de tus hombros, vuelan gramillas de tus faldas; en las colinas de tus senos se aventan las oscuras gramas, y se ve en el trasluz del horizonte que se disipa ya la madrugada.
Tú sales a mirar la noche, a trajinar por las llanadas, desprendes el cabello al aire y la humedad se te rezaga bajo los pies, entre las piedras, elemental y sofocada, y yo te aguardo porque sé que traes los ojos limpios de esperar el alba.
Necesitas la noche. Sube su penumbra por tus espaldas, tomas olor a los tomillos, desnuda entre las hierbas agrias, verdes se quedan tus hoyuelos, florecen verdes tus pestañas, y vuelves como un árbol caminante, como raíz nutrida y fecundada.
Por las colinas de tus senos se aventan las oscuras gramas. Tú necesitas de la noche, de los montes y las bajadas. Pones la mano entre la tierra, quedas de pronto ensimismada, y luego vegetal, verde y sereno, tu rostro se ilumina en la mañana.
De “De cara al corazón” 1961