Viniste a posarte sobre una hoja de mi cuerpo Gota dulce y pesada como el sol sobre nuestras vidas Trajiste olor de madera y ternura de tallo inclinándose Y alta velamen de mar recogiéndose en tu mirada Trajiste paso leve de alba al irse Y escandido incienso de arboledas tremoladas en tus manos Bajaste de brisa en brisa a cien de los días Y al fin eras el quedado manantial rondando las flores O las playas encaminándose a una querella sin motivo Por decir si tu mano estuvo armoniosa en el tiempo O si tu corazón era fruta de árbol o de ternura O el estruendo callado del surtidor O la voz baja de la dicha negándose o afirmándose En cada diástole o sístole de permanencia y negación Viniste a posarte sobre mi copa Roja estrella y gorgorito completo Viniste a posarte como la noche llama a sus creaturas O como el brazo termina su círculo y abarca el horario completo O como la tempestad retira los velos de su frente Para mirar el mundo y no equivocar sus remos Al levantar los muros y cerrar las cuevas Has venido y no se me alcanza qué justeza equivocas Para estarse sin levedad de huída y gravitación de planeta Orlado de madreselvas en la astrología infantil Para estarte como la rosa hundida en los mares O el barco anclado en nuestra conciencia Para estarte sin dar el alto a los minutos subiendo las jarcias Y cayéndose siempre antes de tocar el timbre que llama a la muerte Para estarte sitiada entre son de arpa y río de escaramuza Entre serpiente de aura y romero de edades Entre lengua de solsticio y labios de tartada morosidad acariciando Has venido como la muerte ha de llegar a nuestros labios Con la gozosa transparencia de los días sin fanal De los conciertos de hojas de otoño y aves de verano Con el contento de decir he llegado Que se ve en la primavera al poner sus primeras manos sobre las cosas Y anudar la cabellera de las ciudades Y dar vía libre a las aguas y canto libre a las bocas De la muchacha al levantarse y del campo al recogerse Has venido pesada como rocío sobre las flores del jarrón Has venido para borrar tu venida Estandarte de siglos clavado en nuestro pecho Has venido nariz de mármol Has venido ojos de diamante Has venido labios de oro