Todos vienen a darme consejo. Yo estoy dormido junto a un pozo.
Todos se acercan y me dicen: -La vida se te va, y tú te tiendes en la yerba, bajo la luz más tenue del crepúsculo, atento solamente a mirar cómo nace el temblor del lucero o el pequeño rumor del agua, entre los árboles.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando ya tus cabellos comienzan a sentir más cerca y fríos que nunca, la caricia y el beso de la mano constante y sueño de la luna.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando apenas si puedes sentir en tu costado el húmedo calor del grano que germina y el amargo crujir de la rosa muerta.
Y tú te tiendes sobre la yerba: cuando apenas si el viento contiene su rigor, al mirar en ruina los muros de tu espalda, y, el sol, ni se detiene a levantar tu sangre del silencio.-
Todos se acercan y me dicen: -Tú duermes en la tierra y tu corazón sangra y sangra, gota a gota ya sin dolor, encima de tu sueño, como en lo más oscuro del jardín, en la noche, ya sin olor, se muere la violeta.- Todos vienen a darme consejo. Yo estoy dormido junto a un pozo.
Sólo, si algún amigo mío se acerca, y, sin pregunta me da un abrazo entre las sombras: lo llevo hasta asomarnos al borde, juntos, del abismo, y, en sus profundas aguas, ver llorar a la luna y su reflejo, que más tarde ha de hundirse como piedra de oro, bajo el otoño frío de la muerte.