Morir no duele mucho: nos duele más la vida. Pero el morir es cosa diferente, tras la puerta escondida:
la costumbre del sur, cuando los pájaros antes que el hielo venga, van a un clima mejor. Nosotros somos pájaros que se quedan:
los temblorosos junto al umbral campesino, que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.
Versión de L.S.