Poema 520

Poema 520

Me fui temprano -me llevé a mi perro- a visitar el mar. Las sirenas del sótano salían a mirarme y, en el piso de arriba, las fragatas extendían manos de cáñamo, creyéndome una rata encallada en la arena. No huí, con todo. Hasta que el flujo me llegó a los zapatos y al delantal y al cinturón y enseguida al corpiño, tal como si intentara devorarme como a una gota de rocío en una flor de diente-de-león. Entonces salí huyendo. Él me siguió. Venía detrás, cerca. Sentía su tacón de plata en mi tobillo y mis zapatos rebosaron de perlas. Los dos llegamos hasta el pueblo firme. No parecía conocer a nadie. me miró con dureza y se fue, haciéndome una venia. Versión de José Manuel Arango