_Los pájaros empezaron a las cuatro- el período del alba- una música numerosa como el espacio- pero aledaña al día-
no podía medir su fuerza- sus voces se derrochaban como arroyo al arroyo se entrega para multiplicar el estanque.
Sus testigos no estaban- excepto un hombre fortuito- en casera vestimenta ataviado- para enfrentar la mañana-
no era por aplausos- que yo podía atestiguar- sino por éxtasis independiente de deidad y de hombres-
a las seis, el diluvio pasó- ningún tumulto hubo de vestimenta o de partida- y asimismo la banda había volado-
el sol absorbió el este- el día controló el mundo- el milagro introducido fue olvidado, cumplido._