Mira la mar, ¿no ves cómo nos lleva, soñolientos, hasta la orilla de nosotros mismos? Todo es camino. La perezosa luz, al despertarse, levanta atajos de escamosos limites. Te beso entre esos oros, y el rumor de la mar es un vasto reflejo del aliento que mece la caricia. Esta mañana la brisa de tu cuerpo es otra inmensidad.
Mira la mar. Qué justa semejanza con los dos, en la mañana inmóvil y sin embargo frágil como brisa. Te beso. No sé nada. Te amo como la ola que hierve entre la arena. Y mi gozo es una pura llama que el alba multiplica en encendidas crines que avanzan y se rompen: una explosión de estrellas en la gloria solar. La gloria de tu cuerpo espejado en el mío.
Después la arena no sabrá qué gozo ardiente la mañana ilumina.
De “Andén de cercanías”, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1996 Traducción de Carlos Marzal