Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe. Luis Cernuda
No decía palabras. Sólo era dos labios que se abrían expectantes. No, no decía palabras, tan sólo acariciaba, lentamente, mientras todo su cuerpo unas manos distintas lo surcaban. y allí, entre esas manos, el silencio.
Dos bocas que se juntan, renuevan el silencio, y el aliento y la sangre cobran sabiduría de algún secreto ardiente e invencible, como ola encabritada o tensa brida, un secreto al que callan y otorgan.
Los cuerpos son tan sólo interrogantes planteados deprisa, porque no hay más respuesta que no sea respuesta de unos labios abiertos, que no sea de un cuerpo, cuando un cuerpo es propicio. El amor también es una sombra que busca entre las sombras otro cuerpo silente.
No decía palabras. Tan sólo se entreabría a una imperiosa voz no articulada.
De “Andén de cercanías”, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1996 Traducción de Carlos Marzal