Espera, que no es hora de nada imprescindible. No te marches. Que el sol ahora acaricia, y en la playa el rumor de las olas se acerca solitario. Ven, que andaremos cogidos entre las alquerías y hablaremos de todo como si lo creyéramos y el amor en los besos también será creíble. Ven y pasearemos entre cosas amigas, plácidamente unidos, como los que se aman. ¿No adivinas qué atardecer diáfano a la orilla del agua, en nuestra misma mesa, embriagados de vino y de presencia mutua, preludio ya de abrazos en el frescor nocturno?
Ven, que hallaré para ti las flores que te harán aún más bella, los gestos más amables, un sentido a las cosas. Todo aquello que solo jamás yo encontraría.
De “Andén de cercanías”, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1996 Traducción de Carlos Marzal