Llegado marzo, esposa, no sosiega la tierra. El corazón avanza nutrido por el gozo. La dicha que marcea como una gota fértil, quiera colmar de anhelo la clara sed del valle.
Llegado marzo, esposa, los pulsos como fuentes saltan, y salta el río, y salta en la verdura un latido sembrado por la lluvia en los muertos, que confían en marzo como en la prima vera.
Llegado marzo, esposa, se desmuere la tierra. Cigüeñas a la vida convocan, sin llamada. Nada tiende hacia dentro. ¡Entreabren las ventanas!… El almendro esperanza y anuncia la ventura.
Llegado marzo, esposa, la vida se hace novia, don la existencia y dulce promesa lo que tiembla. ¡Siento el hijo posible como la encina siente su rama fresca, y frutos la parra reavivada!
Llegado marzo, esposa, te quiero prometida; te ensueño fértil, fresca como ¡a hierba nueva; dispuesta, madre, marzo, colmo de mis afanes, con prisa esposa, esposa de campo hecho presagio.