Iremos por la vida como dos pajarillos que van en pos de rubias espigas, y hablaremos de sutiles encantos y de goces supremos con ingenuas palabras y diálogos sencillos.
Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta que atisba tras la verde y oscura celosía, y aplaudiremos ambos la célica armonía del amigo sinsonte que es músico y poeta.
Daremos a las nubes que circundan los flancos de las altas montañas nuestro saludo atento, y veremos cuál corren al impulso del viento como un tropel medroso de corderillos blancos.
Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores, de misteriosos cantos y de voces extrañas; y veremos cuál tejen las pacientes arañas sus telas impalpables con los siete colores.
Iremos por la vida confundidos en ella, sin nada que conturbe la silenciosa calma, y el alma de las cosas será nuestra propia alma, y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.
Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído sepa escuchar las voces de los desconocido, se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.