Como hermana y hermano vamos los dos cogidos de la mano…
En la quietud de la pradera hay una blanca y radiosa claridad de luna, y el paisaje nocturno es tan risueño que con ser realidad parece sueño. De pronto, en un recodo del camino, oímos un cantar… parece el trino de un ave nunca oída un canto de otro mundo y de otra vida… ¿Oyes? -me dices- y a mi rostro juntas tus pupilas preñadas de preguntas. la dulce calma de la noche es tanta que se escuchan latir los corazones. Yo te digo: no temas, hay canciones que no sabremos nunca quién las canta.
Como hermana y hermano vamos los dos cogidos de la mano…
Besado por el soplo de la brisa, el estanque cercano se divisa… Bañándose en las ondas hay un astro; un cisne alarga el cuello lentamente como blanca serpiente que saliera de un huevo de alabastro… Mientras miras el agua silenciosa, como un vuelo fugaz de mariposa sientes sobre la nuca el cosquilleo, la pasajera onda de un deseo, el espasmo sutil, el calor-frío, de un beso ardiente, cual si fuera mío… Alzas a mí tu rostro amedrentado y trémula murmuras: ¿me has besado?… Tu breve mano oprime mi mano; y yo a tu oído: ¿sabes?, esos besos nunca sabrás quién los imprime… Acaso, ni siquiera si son besos…
Como hermana y hermano vamos los dos cogidos de la mano…
En un desfalleciente desvarío, tu rostro apoyas en el pecho mío, y sientes resbalar sobre tu frente una lágrima ardiente… Me clavas tus pupilas soñadoras y tiernamente me preguntas: ¿lloras? Secos están mis ojos… Hasta el fondo puedes mirar en ellos… Pero advierte que hay lágrimas nocturnas - te respondo- que no sabremos nunca quién las vierte.
Como hermana y hermano vamos los dos cogidos de la mano…