Ya dejas el plumón. Las presurosas manos desatan el discreto nudo, y queda el cuerpo escultural desnudo volcán de nieve en explosión de rosas.
El baño espera. De estrecharte ansiosas están las aguas, y en el mármol mudo, un esculpido sátiro membrudo te contempla con ansias amorosas.
Entras al fin y el agua se estremece, en tanto, allá en el orto ya parece el claro sol de refulgente rastro.
Y cuando ufana de las fuentes sales, de tu alcoba a los diáfanos cristales, por mirarte salir, se asoma el astro.