El gozo alucinado

El gozo alucinado

El color se me adentra y no lo pinto; la nota musical llega hasta el fondo de la entraña cordial, y yo la escondo en el sacro rincón de su recinto. El árbol es aliento y no verdura, germinación de vuelo y no ramaje; el ojo lo desliga del paisaje y lo clava en el dombo de la altura.

Apago soles y deseco ríos, borro matices y deshago formas, y en propio barro, quebrantando normas, modelo mundos para hacerlos míos.

Sobrepasa las cosas la mirada, el sueño crece, lo real esfuma, y me embarco en las alas de la bruma corno en una galera aparejada.