A Esteban Flores La vida es un camino…
Sobre rápido tren va un peregrino salvando montes; otro va despacio ya pie; siente la hierba, ve el espacio… Y ambos siguen idéntico destino.
A los frívolos ojos del primero pasa el desfile raudo de las cosas que se velan y esfuman. El viajero segundo bebe el alma de las rosas y escucha las palabras del sendero.
De noche, el uno duerme en inconsciente e infecundo sopor; el tren resbala fácil sobre el talud de la pendiente, y el viajero no siente que en la campiña próvida se exhala un concierto de aromas… El prudente que marcha a pie, reposa bajo el ala de un gran ensueño, y trepa por la escala excelsa de Jacob. Cuando el Oriente clarea, se echa a andar, pero señala el sitio aquel en que posó la frente.
Ambos llegan al término postrero; mas no sabe el primero qué vio, qué oyó; su espíritu desnudo de toda adoración se encuentra mudo. El otro peregrino recuerda cada voz, cada celaje, y guarda los encantos del paisaje. Y los hombres lo cercan, porque vino a traer una nueva en su lenguaje y hay en su acento un hálito divino… Es como Ulises: hizo un bello viaje y lo cuenta al final de su destino…
Porque la vida humana es un camino.