“Fui donde el Ángel y le dije que me diera el librito. Y me dice: Toma, devóralo; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel-.” (10.9)
Como el olvido, como las lágrimas y el sueño que ya no se recuerda. Así de amargo el libro y cuanto en él se escribe con la sangre. Igual de amargo que este tiempo que pasa como un trueno sobre el mar y la tierra, sobre la espalda de los hombres. Como el dolor que no entendemos, como el cansancio de la risa. Igual que esta certeza que nos rompe la voz y la cintura, el recuerdo del barro, la nostalgia de haber sido una lágrima fecunda. Páginas vegetales que alimentan las horas de la tarde, cuando todas las cosas ponen el corazón en cuarentena. Letras amargas como el dorso de una mano apoyada sobre una puerta que cerró el recuerdo.
Pero en la boca, dulce sospecha de esperanza, pie que se acerca por la espalda para dejar su beso sobre el cuello. Dulce como la sombra del verso que jamás escribiremos.
De “Tiempo de apocalipsis” Poesía 1972-2004