A Juan Van-Halen
Escribir para un tiempo en el que no estaremos para nadie, y en el más favorable de los casos seremos una máscara de polvo maquillando los libros de alguna estantería.
Escribir para un siglo, si es que llega, menos oscuro y torpe que este siglo. Dejar impresa la memoria: papel, disquetes, vidrio, cerámica esmaltada, ámbar, cuarzo o moléculas de gas.
Hacer que las palabras naveguen al futuro como si fuesen barcos de papel que sobrevivan hoy a su naufragio.
Escribir por si alguien, algún día, tiene un dolor de corazón idéntico o sufre una alegría semejante.
De “Siempre tiempo” (Premio Juan Alcaide 1996)