Ven, amigo

Ven, amigo

Ven, amigo, voy a darte un lugar. Acércate, dentro de este cajón están tus huesos, semilla de un mañana que no te corresponde. No serán ni tu flor, ni tu árbol nuevo, ni siquiera el vacío de tu nombre, -Dime cómo te llamas para olvidarlo luego-. Hoy es fácil sentir lo que no somos, andar donde no vamos, decir lo que después vendrán a desmentirnos. Ya no somos ni un número siquiera, ni un signo, somos algún desecho inevitable de lo que un hombre fue alguna vez o podrá ser. Tus huesos y los míos están juntos, todos los huesos del hombre están uncidos y hay un cordel inmenso tejiendo el esqueleto compacto de la sombra. -Dime cómo te llamas para olvidarlo luego-. Yo te diré mi nombre si aún puedo acordarme. Ven amigo, hay que buscarse un lugar…

De “Encuentros” 1972 (Accésit del Premio Adonais, 1972)

Viajeros al tren…

Desesperada y gris, un poco loca, se dispuso a viajar conmigo al fin del mundo. -Eso está lejos -dije-, mejor nos vamos hasta el parque, patatas fritas y cerveza, sol, para qué más. Pero ella siguió haciendo el equipaje. Cientos de cachivaches, zapatos y pañuelos, una florete de esgrima (me sigo preguntando para qué) guantes, perfume, rulos, crucigramas; y tuve que trepar a las maletas para que se cerrasen. -¡Vámonos! tengo ya los billetes del tren. Era la dueña del asunto.

Se sentó en el asiento junto a la ventanilla, apoyó la cabeza, y vi el reflejo de su rostro: tenía una sonrisa de las que no dejan salida. -Voy un momento a por tabaco -dije. Seguía ensimismada.

Sus ojos se agrandaron a lo lejos, cuando le dije adiós desde el andén. Ni ella ni las maletas regresaron jamás.

De “Juego de damas” 2005